La negra que vota a Le Pen y el blanco de izquierdas que elige a Macron

(Crónica publicada en ElNacional.cat: versió en català)

Cuando se le pregunta por Marine Le Pen, se le ilumina el rostro, como quien está enamorado. “Es una mujer fuerte, una mujer con coraje, que tiene la voluntad de representar a Francia en el mundo entero, que durante los últimos años ha tenido una imagen debilitada”, asegura Rosine, del todo convencida. Tiene sus raíces en Costa de Marfil, es “negra” como ella misma dice, pero ello no es ningún impedimento. Es una activista local del Frente Nacional, movilizada desde hace unos cuantos años. Junto con su acompañante, deben ser las dos únicas negras de la sala.

La sala es el Parque de Exposiciones de Villepinte, en las afueras de París. En la capital francesa, que no es justamente uno de los feudos del Frente Nacional –en la primera vuelta Le Pen fue quinta, con el 4,99% de los votos–, ya está el padre, Jean-Marie Le Pen, haciendo el tradicional homenaje a Juana de Arco que organizan cada 1 de mayo con motivo del Día de los Trabajadores. Este mediodía, la candidata del Frente Nacional ha salido de la ciudad para dar su gran mitin de la segunda vuelta, con gran solemnidad ante unas 6.000 personas, llegadas también de otras regiones próximas.

“Marine representa esta elegancia que Francia necesita para ser Francia”, continúa Rosine. Cuándo le pregunto si, teniendo orígenes africanos, no le molesta el discurso xenófobo del Frente Nacional, tiene muy preparada la respuesta: “Ni el Frente Nacional ni Marine son racistas; la prueba es que yo soy negra y estoy aquí”.

Ahora tampoco le hace falta explotar mucho el discurso racista, a Marine Le Pen. Sin abandonar la crítica a la “inmigración masiva”, la ultraderechista ha encontrado otro chivo expiatorio: la globalización, el capitalismo, el establishment, París y Bruselas. De hecho, en su discurso en Villepinte insistió mucho en un concepto concreto: el de “casta”.

Un joven simpatizante de 21 años utiliza otro término similar: “oligarquía”. “Simplemente decimos que recuperamos lo que nos han cogido, lo que la oligarquía nos ha cogido a través, por ejemplo, de la Comisión Europea”, defiende este chico. “Marine es la única que puede devolver a Francia su independencia, las soberanías que hemos perdido: la económica, la territorial, la presupuestaria”, añade. La idea es bastante parecida al referéndum que propone Le Pen para recuperar cuatro soberanías de la Unión Europea: la presupuestaria, la territorial, la monetaria y la legislativa.

Lo mismo piensa un hombre de edad más avanzada que va con una boina roja como la que llevan los paracaidistas franceses (Jean-Marie Le Pen lo fue en Argelia), una cazadora de piel y un montón de presuntas medallas y reconocimientos militares. Hace más de tres décadas que vota por el Frente Nacional, dice. “Francia y los franceses sufren mucho por una Europa liberal y oligárquica”, critica. “Marine Le Pen puede encarnar el renacimiento y la renovación de Francia para los patriotas, para Francia y los franceses”, remacha el supuesto exparacaidista.

Todo lo que critican tiene un rostro muy visible: Emmanuel Macron, el rival, el enemigo. El joven exministro de Economía no sólo es un extrabajador de la banca de inversión Rotschild (el “candidato de las finanzas”, lo llama Le Pen). También es un europeísta convencido. Unas horas más tarde que la candidata del Frente Nacional, a las cinco de la tarde, el aspirante de En marcha! reunió a unos 12.000 simpatizantes en el Paris Event Center, en La Villette de la capital. Ellos hacían ondear miles de banderas europeas, mientras él les prometía liderar la reconstrucción de la Unión.

“Es el candidato más razonable, el que defiende Europa, el que defiende el pueblo, y necesitamos a un presidente moderado, moderno y sincero”, asegura un militante de En marcha!, que explica que ya hace tiempo que está politizado: “Siempre había estado en la izquierda y hoy estoy en el centro-izquierda”. A pesar de las acusaciones contra Macron de ser de derechas, encontrar a seguidores suyos que se definan así es un ejercicio muy complicado.

Otro simpatizante, en este caso negro –la diferencia multicultural con el mitin de Le Pen es abismal-, también ha votado tradicionalmente por candidatos progresistas. “Voto a Macron porque se parece a los franceses”, sostiene. Y añade en este sentido: “Voto por Macron porque toma las buenas ideas de la derecha, de la izquierda y del centro para hacer avanzar este país”.

En la misma línea, otro hombre, de pelo blanco y gafas de pasta, asegura: “Siempre he votado por la izquierda y pienso que hoy no puede haber un desarrollo económico en Francia sin una reconciliación en torno a un objetivo común”. Según él, “Francia debe tener confianza y optimismo sobre su futuro”. Según su opinión, estas perspectivas sólo las cubre Emmanuel Macron, que defiende una Francia dentro de la UE.

Al final, esta será la división que dirimirá la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Los franceses tendrán que escoger este domingo entre la integración europea que defiende Emmanuel Macron, y todo lo que eso representa, o el repliegue nacional que propone Marine Le Pen, y todo lo que eso representa.

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