Thubten Wancheng: “Lo que pasa es que el mundo no se atreve a abrir la boca ante China”

Él es lama budista, fundador de la Casa del Tíbet en Barcelona, representante del Tíbet en España y miembro del Parlamento tibetano en el exilio en representación de Europa. Llego a su despacho de director en la Fundación Casa del Tíbet. Su escritorio, lleno de papeles. Las estanterías, repletas de figuritas y banderitas tibetanas, catalanas y españolas. El ordenador conectado a Alertas de Google (“Resultados de Dalái Lama”). Me recibe con una gran sonrisa. Me habla de su último tour europeo como diputado del Parlamento tibetano en el exilio explicando el conflicto. Empezamos la entrevista. 

La semana pasada, en tan sólo 48 horas, se inmolaron seis personas en el Tíbet. Se quemaron vivas en protesta contra la ocupación china. Algo dramático, ¿no?

Absolutamente. En la historia del Tíbet nunca pasó. No sólo seis, van 69 personas desde marzo de 2011. Es muy grave. Está mostrando el sufrimiento causado por la represión del gobierno chino al pueblo tibetano, que no puede expresarlo de otra forma. Jóvenes, monjes, monjas, madres… que lo hacen debido a la dramática situación, represión y tortura del gobierno chino. Por otro lado, internacionalmente, la ONU está callando. No dice nada, no hace nada. Todos los países están con China por la economía, pero olvidan los derechos humanos. Por eso los jóvenes quieren mostrar su malestar. Pero no han matado ni un chino. Mucha gente piensa que son fanáticos. No, no son fanáticos. Ofrecen su cuerpo sin dañar a nadie.

¿O sea que los organismos internacionales miran hacia otro lado?

Hasta ahora no han hecho nada de nada. La semana pasada la Comisión de Derechos Humanos escribió una carta importante para denunciar la tortura del pueblo tibetano. Pero una cosa es escribir y otra cosa actuar. Nosotros pedimos que manden delegaciones de ONU para que vean. El gobierno chino dice que los tibetanos están muy contentos y felices. Si están contestos y felices, ¿por qué se están inmolando tantos tibetanos? Lo que pasa es que el mundo no se atreve a abrir la boca ante China. Tienen miedo de perder ocasiones y oportunidades de negocio. Compran y callan. Todavía no han hecho nada.

¿Nos llega poca información aquí del conflicto?

Muy poca, muy poca. Ni en China ni en Tíbet hay libertad de prensa. Todo está controlado por el gobierno chino. Nosotros recibimos informaciones de tibetanos jóvenes a través del móvil. Nos mandan la información o la foto y la borran, porque los chinos los paran por la calle y les revisan el móvil. Por eso internacionalmente sale poca información. Sale alguna cosa a Catalunya Ràdio y Televisión Española, pero no mucho. El pueblo chino tampoco sabe lo que está haciendo su gobierno en el Tíbet. Sólo hay una emisora de televisión en China (CCTV), que es comunista, y no hay noticias.

¿Usted tiene esperanzas a corto o medio plazo?

Estamos trabajando y luchando. Como diputado del Parlamento tibetano ahora he hecho un viaje por 23 países de Europa con la llama de la verdad. Fui recibido por miembros de parlamentos,  alcaldes, muchos políticos y público. Andorra, Francia, Inglaterra, Escocia, Islandia, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Dinamarca, Noruega, Austria, Italia, República Checa… hasta la ONU, en Ginebra. Dos meses en coche, repartiendo información sobre el conflicto. No sabían nada.

¿Se puede hablar de genocidio?

Sí, completamente.

¿Hasta dónde llega esta barbarie del comunismo chino?

El gobierno comunista chino ha hecho gran daño a los chinos y a los tibetanos durante todo este tiempo. Destrucción, matanzas, genocidio… Hasta ahora tiene fama de poder económico, pero eso no va durar para siempre. Ya queda poco. Todos los Hitlers y Francos no duraron toda la vida. Algún día tienen que caer. Tenemos esperanza. Ahora viene nuevo gobierno y va a haber grandes cambios dentro de poco.

Dijo el Dalái Lama en 1987: <<Vivir fuera del Tíbet me ha proporcionado una perspectiva inestimable, la de saber que nuestro sistema político anterior estaba anticuado y mal equipado para afrontar los desafíos del mundo contemporáneo>>. ¿Se ha democratizado?

Así es. La democracia vino poco a poco en Occidente. Antes también tenían teocracias o sistemas feudales. Cuando salimos al mundo pudimos abrir los ojos al mundo occidental y acercar la cultura tibetana y la filosofía budista. El futuro del Tíbet será una democracia total. Ahora estamos exiliados en países libres. Yo aquí puedo tener fotos del Dalái Lama y tibetanas pero los Mossos no vendrán para controlar. En el Tíbet acabas en la cárcel.

¿Hay paralelismos entre el Tíbet bajo represión china y la Catalunya del franquismo?

Sí, bastantes. Tengo muchos amigos catalanes que me comentaban cómo fue el franquismo, cómo sufrieron los catalanes. No se podían reunir más de tres personas, no se podía hablar en catalán… En Tíbet es muy parecido. Incluso ahora mismo no quieren enseñar tibetano en la escuelas del Tíbet, los monjes budistas no pueden rezar en un monasterio. 53 años, pero no hay cambio. Los catalanes entienden fácilmente el problema tibetano. Cuando voy a Madrid, por ejemplo, tengo que explicar mucho. Yo digo que en el Tíbet estaremos contentos si estamos como Catalunya, con autonomía.

¿Dentro de China?

Estamos hablando dentro de China, sí. No sé si es factible o no la independencia, pero hasta ahora queremos autonomía. Los tibetanos estarán contentos si tenemos lo mismo que Catalunya. Poder hablar nuestro idioma y tener nuestro propio gobierno y Mosos tibetanos (ríe). Es lo perfecto.

Cuando China invadió el Tíbet usted tenía cuatro años. Su madre fue fusilada. Huyó a hombros de su padre atravesando durante días el Himalaya. ¿Recuerda algo de esos momentos de su infancia?

Recuerdo muy poco. Ahora si piensas ha sido muy interesante, es como un sueño. Pero aquellos momentos de mi niñez fueron muy difíciles. Ahora sirve mucho. Cuandro tenía siete u ocho años estaba mendigando en la calle. Es otra vida, ¿sabes? Esto nos tendría que ayudar a aprovechar bien la vida. Es la cosa que estoy valorando más de esa experiencia.

Pasó once años de su vida con el Dalái Lama en su monasterio. ¿Qué recuerda con más cariño de esa etapa?

Fue un momento alegre. Un momento rodeado de inspiración y paz. Él habla siempre positivamente. Y el Dalái Lama siempre hace, no es como los políticos o los doctores que dicen una cosa y no la hacen; se comprometen mucho y no cumplen. Los doctores dicen a sus pacientes que no es bueno que fumen, pero cuando el doctor sale de la clínica empieza a fumar. Hay muchos. Con el Dalái Lama no es así. Él piensa, él habla, él hace. Por eso nos inspira mucho. No somos fanáticos pero nos inspira.

¿Y cómo llegó a Barcelona? 

En avión (ríe). ¡Es broma! Vinieron unos españoles hippies allá por el 78 al Nepal a buscar marihuana. Encontraron marihuana gratis en el Nepal y la Índia, y también encontraron meditación espiritual, cultura, religión, yoga… Entonces, como hablaba inglés, me pidieron venir a España para traducir unos lamas. Entonces, poco a poco, se fue alargando año año, y aquí sigo.

¿Tiene previsto volver al Tíbet si termina el conflicto?

Sí, por supuesto. Cuando el Tíbet sea libre, volveré y trabajaré. Poner mi energía, mi conocimiento, mi labor para mi pueblo. Sí, sí, por supuesto; yo soy tibetano, aunque tengo DNI español (ríe). Pero soy tibetano, soy de sangre. Cualquier cosa que pueda ofrecer para mi pueblo, como mis conocimientos o mi tiempo,  siempre lo haré con mucho gusto.

¿Sería capaz de resumir la esencia del budismo?

El budismo, no sólo como religión, es una filosofía de la vita cotidiana. Te enseña cómo pensar bien, cómo actuar bien, cómo hablar bien. Cuerpo, palabra y mente. Si quieres rezar a Dios, Alá o Buda, muy bien; pero sólo rezar no es suficiente. Actuar es más importante que rezar. Tienes que buscar el bien para ti y para los demás. Compasión hacia todos y sabiduría que tenga más luz y menos ignorancia. La ignorancia te hace equivocar. Y equivocación trae complicación. Y dolor y sufrimiento. Más luz y más inteligencia trae más alegría. No hay ningún problema que no tenga solución, sólo la muerte. Hay que saber aceptar la situación como es y no quejarse.

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